MANUEL MATEOS JIMENEZ “MANOLO COQUILLA”

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Un aficionado que pretendió y consiguió ser fiel a los cantes autóctonos de sus gentes maireneras

Manuel Mateos Jiménez
Estamos ante un mairenero, nacido en el mes de los santos, 6 de noviembre de 1930, cuya dilatada vida la desarrolla en este bendito pueblo de Mairena del Alcor dedicado a la agricultura y al flamenco, sus dos grandes amores.
Y digo amores, pues “Manolo Coquilla”, apodo heredado de su abuelo paterno que era arriero y acarreaba jardas de trino de la vega de Mairena a un molino llamado coquilla, y claro, las gentes que lo veían pasar y casi siempre a la misma hora comentaban: -ya viene José Mateos “pancá” coquilla-. Y de esta manera quedó el apodo perpetuado para siempre en esta buena familia.
Y así le conocen sus paisanos, no sé si sabe más de campo que de flamenco, es un verdadero entendido en la labores de la vega, el olivar o la huerta, no olvidemos la de su propiedad “Huerta Coquilla”, heredada de su padre, hombre admirado y gran aficionado Manuel Mateos Gavira “Coquilla”, aficionado que compartió muchas reuniones de cante con “Antonio Mairena”, pues de él y con él, aprendió las faenas agrícolas y los ecos cantaores de su familia.
Y de cante sabe para aprender de él, así como ser jurado prestigioso de cualquier concurso que se precie de buenos conocedores; y así ha ocurrido en innumerables ocasiones, sobre todo aquellos cantes que su admirado maestro y amigo entrañable “Antonio Mairena”, gustaba llamar cantes básicos: siguiriyas, soleares, tonás y tientos-tangos, amén del cante por saetas y la extensa gama de los cantes a compás o cantes de Levante.
Manuel Mateos Jiménez, “Manolo Coquilla”, suena a flamenco, sobre todo y debido ya a su edad, cuando se templa por soleá, o lanza una saeta desde el balcón de su casa de la calle Ancha al paso de su Virgen de la Soledad.
Es uno de estos aficionados que no ha perseguido ni los escenarios ni lo concursos, más bien se encuentra en un cuarto con los amigos y cuatro copas arrancándose por fandangos uno de los palos que le gusta entonar.
Y llegando a este punto, permítanme querido lector una anécdota: Entro días pasados (mayo de 2012), en el hogar de mi amigo Manolo, a ver a su esposa Rosario que se encuentra malita, el Alzheimer la ha tomado como suya, y en el sevillano patio de su hogar, ella sentada y abrazada a su marido comiéndoselo a besos y él cantándole con toda su voz y con toda su alma esta letra por fandangos:
“Éramos los dos unos niños cuando yo te conocí, éramos los dos niños, me miraste y te miré y te dije Rosario mía, que yo jamás en la vida te olvidaré”.
Fue una escena impresionante, la emoción me llenó y las lágrimas se asomaron a nuestra mejillas, algo verdaderamente entrañable del amor entre un hombre y una mujer pase lo que pase, y además hablándole por fandangos.
Manolo siempre estuvo bien arropado por la gran afición de Mairena, bien por la Casa de los Mairena, o (como digo) por los aficionados, pero sobresale la figura indiscutible de su cuñado Manuel Crespo Reyes, (mi querido primo), otro de los grandes aficionados nacido en este bendito pueblo, y seguidor del maestro Antonio Mairena.
Ha sido durante muchos años directivo de la Casa del Arte Flamenco “Antonio Mairena”, amigo personal de su vecino “Calixto Sánchez”, con quien disfruta de su conversación y de su cante.
Mucho todavía podría decir de los años jóvenes de “Manolo Coquilla”, desde sus andanzas cantaoras, como de sus anécdotas en la escuela de cante dirigida por su cuñado Manuel Crespo, pero nuestro hombre es un hombre cabal, esposo abnegado, padre ejemplar y abuelo entrañable.
La familia y el flamenco, forman su vida, porque ya las labores del campo son simplemente para la vista, para ver la sementera y como está el terreno, y nosotros lo que tenemos la suerte de ser sus amigos, darle gracias a Dios por tener hombres como “Manolo Coquilla”.

Antonio Reyes Peña